Una ruta gastronómica por Bilbao, San Sebastián, Lisboa, Oporto y Madrid.

Por Eliany Caballero

Miradas Con Debut Magazine

Viajar siempre es un placer, pero viajar a través de la gastronomía es un lujo reservado para quienes buscan más que paisajes. Es descubrir la esencia de cada cultura en su mesa, en la manera en que sirven un vino, en la delicadeza de un menú de degustación, o en la simplicidad perfecta de un plato local preparado con tradición. En este recorrido por Bilbao, San Sebastián, Lisboa, Oporto y Madrid confirmé que los momentos verdaderamente memorables no solo ocurren en hoteles maravillosos o restaurantes con estrellas Michelin, sino también en la compañía: ese grupo selecto de viajeros con quienes compartí la mesa y que, al final, se convirtieron en los mejores cómplices de la aventura. Porque el lujo también es eso: disfrutar la vida en buena compañía.

Bilbao: entre arquitectura y gastronomía
Bilbao nos recibió con ese aire cosmopolita que combina lo moderno con lo tradicional. Pero mi verdadera cita estaba en la mesa. La primera noche cenamos en Rauleaga, un restaurante elegante que me envolvió con sus platos vascos reinterpretados. Probé un solomillo braseado con crema de patata que parecía derretirse con solo mirarlo. Allí entendí que la gastronomía vasca es pasión, técnica y emoción.
Al día siguiente descubrimos San Sebastián, y lo que parecía un almuerzo más se convirtió en uno de los momentos cumbre del viaje: comer en el restaurante de Martín Berasategui, en Lasarte. Entrar allí es como entrar a un templo culinario. Hoy, Berasategui suma once estrellas Michelin en su carrera, y estar en su mesa fue un privilegio. Fueron 14 tiempos, todos acompañados con un vino, un espumante o algún licor que le hacia el maridaje perfecto a cada plato. Y la cereza fue tenerlo con nosotros, llegó a nuestra mesa y nos dedico momentos invaluables.

Un cambio inesperado en San Sebastián
Tenía la ilusión de recorrer los bares de pinchos, pero la vida me tenía preparado otro plan. Y no se imaginan que divino que fue. Aquel día comenzó con un city tour que nos mostró la belleza de San Sebastián desde distintos ángulos. Luego partimos hacia San Juan de Gaztelugatxe, ese lugar mágico en la costa vasca conocido por ser escenario de Game of Thrones. La neblina nos impidió llegar hasta la cima, pero precisamente eso le dio un aire místico. Desde el punto al que alcanzamos a llegar, las vistas eran sobrecogedoras: el mar golpeando las rocas y esa sensación de estar en un lugar sagrado y secreto.
Soy de las que considera que la gastronomía es fundamental en un viaje y cuando lo combinas con destinos soñados, se convierte en la mezcla perfecta. Pasamos de disfrutar estos paisajes loquísimos y de película, a sentarnos almorzar en un antiguo molino restaurado que hoy día es un restaurante que encontrarás en la lista Michelin llamado Zintziri Errota.

Lisboa: tradición y modernidad
Lisboa la viví a mi manera. Me perdí por sus barrios más icónicos, entre plazas, miradores y callecitas llenas de historias que casi te hablan solas. Obvio, no podía faltar el famoso Pastel de Belém (porque irse sin probarlo, es casi un pecado). Hay tanto que ver, hacer y comer, que uno no sabe ni por dónde empezar. Y esa noche, boom, la ciudad me regaló magia pura: cena con fado en vivo. Entre vino, música y buena mesa disfrutamos de una velada maravillosa.

Oporto: vino, río y tradición
Si hay una ciudad que sabe seducir con el paladar, esa es Oporto. Pasear por sus calles empedradas y luego navegar en un barco Rabelo por el Duero fue una experiencia única. Desde el agua, la ciudad se muestra como una postal viva, con sus puentes y fachadas coloridas.
Pero el verdadero viaje empezó al llegar a las bodegas de Taylor’s. Allí entendí por qué el vino de Oporto es tan famoso y muchos lo consideran uno de los grandes vinos del mundo. Degustamos varias versiones que, siéndoles muy honesta, no es de mis favoritos, pero hay aquellos que lo disfrutan muchísimo, ahora bien, la historia de la bodega, los barriles centenarios y la pasión de quienes lo producen me hicieron valorar cada gota.

El almuerzo en el restaurante Barão Fladgate, con vistas al Duero, fue un deleite. Probé un bacalao tradicional reinterpretado con modernidad, acompañado de un maridaje de vinos muy atinado. Era como si la ciudad me hablara en cada plato, contándome su historia entre sabores. Portugal es eso, una historia de sabores. Hasta el famoso Tempura tiene orígenes portugueses.

Madrid: la gran despedida
El viaje terminó en Madrid, una ciudad que siempre vibra. Allí vivimos una experiencia que parecía sacada de un sueño: cenar en Coque, un restaurante con tres estrellas Michelin. Desde el aperitivo en la coctelería hasta el recorrido por la bodega, cada paso fue un espectáculo para los sentidos. El menú degustación era una sinfonía de sabores que cerraba este viaje de la manera más grandiosa posible, sin dejar de mencionar el servicio. Un encanto.

Un viaje que aún saboreo
Hoy, al recordar, siento que lo más valioso fue esa sensación de compartir. El lujo estaba en los menús, en los vinos, en los hoteles… pero sobre todo en las risas, en las conversaciones de sobremesa, en los amigos que encontré en el camino. Comer no es solo alimentarse: es vivir, descubrir y conectar.

 

¿Quieres vivirlo tú también?
Si mientras lees esto te imaginas sentado (a) en una mesa en San Sebastián, disfrutando de un menú Michelin, o navegando por el Duero con una copa de vino en mano, quiero que sepas que no tienes que solo soñarlo. Yo puedo organizar para ti un tour gastronómico privado, diseñado a tu medida, con esas experiencias que marcan la vida. Escríbeme, y estaré encantada de llevarte a recorrer y saborear el mundo.

IG @elianycaballero

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